Las ventas de Tesla se hundieron a su nivel más bajo en tres años durante el primer trimestre de 2025, con una entrega de 337,000 vehículos eléctricos que representa una caída del 13% respecto al año anterior, según informó la compañía. Este descenso, el mayor en la historia del fabricante de autos eléctricos, ha desatado alarmas entre inversores y analistas, quienes señalan una combinación de factores: desde la creciente competencia de la china BYD hasta el controvertido rol político de Elon Musk en la administración de Donald Trump.
Tesla atribuyó oficialmente la baja a la transición hacia una nueva versión de su popular Modelo Y, cuya producción se suspendió temporalmente en enero. Sin embargo, las críticas apuntan directamente a Musk. Ross Gerber, uno de los primeros inversores de la compañía, no dudó en calificar las cifras como “desastrosas” en la red social X, afirmando que “la marca está rota” y sugiriendo que la solución podría pasar por destituir al multimillonario como CEO.
El impacto de la política de Musk
La participación de Musk como líder del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), una iniciativa de Trump para recortar el gasto federal, ha generado una ola de protestas y boicots contra Tesla en Estados Unidos y Europa. Concesionarios han sido vandalizados, y los vehículos de la marca han sufrido ataques que el gobierno de Trump promete castigar como “terrorismo doméstico”. Esta polarización se suma a la pérdida de más de un cuarto del valor de las acciones de Tesla desde enero.
A pesar de rumores reportados por Politico sobre una posible salida de Musk del gobierno en las próximas semanas —lo que impulsó brevemente las acciones—, la Casa Blanca desmintió la información. Como empleado especial del gobierno, Musk está limitado a 130 días de servicio este año, lo que lo obligaría a dejar el cargo en junio.
Reacciones y consecuencias financieras
Analistas como Dan Ives, de Wedbush, advierten que la creciente implicación política de Musk está dañando irreparablemente la marca: “Cuanto más político se vuelve, más sufre Tesla”. Mientras tanto, sindicatos y fondos de pensiones han comenzado a cuestionar la gestión de la empresa. Randi Weingarten, presidenta de la Federación Estadounidense de Maestros, instó a los fondos de pensiones a revisar sus inversiones en Tesla, argumentando que las decisiones de Musk priorizan la política sobre los intereses comerciales. Por su parte, el contralor de Nueva York, Brad Lander, anunció una demanda contra la compañía tras pérdidas de más de 300 millones de dólares en los sistemas de pensiones de la ciudad.
Tesla, que no respondió a la BBC, matizó las cifras en un informe a la Comisión de Bolsa y Valores, afirmando que las ventas no reflejan el desempeño financiero completo, el cual se detallará el 22 de abril. Sin embargo, las palabras del propio Musk en una reciente entrevista —“Dirijo mis empresas con gran dificultad”— parecen reflejar el tamaño del desafío que enfrenta.
Con la marca bajo presión y su líder en el ojo del huracán, el futuro de Tesla pende de un hilo mientras la crisis continúa profundizándose.
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